Estamos convencidos de que hay una estrecha relación mente-cuerpo; sin embargo, nos cuesta creer que esta misma relación esté detrás de la enfermedad física o, si lo creemos, tal vez no entendamos en qué forma se da. He escuchado innumerables veces expresiones como: «No entiendo qué tiene que ver mi mente con mi irritación de colon. ¿Acaso cree que me siento a pensar «irrítate, colon; irrítate, colon; irrítate, colon» y ya, se me irrita el colon? No; mi irritación de colon es real, no está en mi mente».
Bien, esta es una de las argumentaciones más comunes para negar la relación mente-enfermedad física, hecho que influye en que una gran cantidad de personas no considere necesario ni conveniente asistir a una consulta psicológica —no como un reemplazo de la consulta médica, sino como un valor agregado en la búsqueda de una vida saludable—. En este artículo explicaremos de una forma sencilla y clara cómo se da esta relación mente-enfermedad.
Para empezar, consideremos primero tres funciones mentales claves: la conciencia, la percepción y la afectividad. La conciencia es el «darnos cuenta», el percatarnos de algo, ya sea de nuestro entorno o dentro de nosotros. Esto lo hacemos a través de nuestros sentidos físicos: visión, audición, olfato, tacto y gusto. Veinticuatro horas al día pasamos dándonos cuenta de cosas y, al instante, les asignamos significados, a veces erróneos, distorsionados o hasta absurdos. A este proceso le llamamos percepción. Y, por último, según sea nuestra percepción, se generan impulsos o afectos, es decir, lo que lo percibido nos hace sentir, lo cual constituye la función afectiva de nuestra mente.
Hasta aquí, la parte mental que nos interesa resaltar. Podemos notar que hay una «causalidad» entre uno y otro elemento de esta secuencia: lo que sentimos depende de cómo hemos interpretado aquello de lo que nos damos cuenta. Y aquí cabe categorizar lo que sentimos, en dos grupos: afectos positivos (amor, felicidad, alegría, etc.) y afcetos negativos (odio, ira, envidia, celos, etc.). Esta categorización marca una diferencia en lo que sucede a continuación, cuando pasamos del plano mental al plano biológico.
Tanto los afectos positivos como los negativos provocan reacciones bioquímicas en el organismo. Esta sería la primera relación directa mente-cuerpo: energías mentales provocando reacciones biológicas en nuestro cuerpo. Sin embargo, hay dos pequeños detalles: los afectos positivos activan químicos que equilibran nuestra biología provocando una sensación de bienestar, mientras que los afectos negativos activan químicos que desequilibran nuestra biología provocando una sensación de malestar. En el segundo caso, la reacción es así porque el organismo debe estar preparado para hacerle frente a esas sensaciones a través del mecanismo ancestral de “pelear o huir”. El segundo detalle es que la intensidad con que se presentan esas sensaciones positivas o negativas determina cuánta sustancia química se activa y esta cantidad, a su vez, determina cuán intensa será la activación del organismo en general.
Dicho lo anterior, ya podemos visualizar una primera forma de relación causal mente-enfermedad. Durante las situaciones afectivas extraordinariamente intensas hay un riesgo de que el organismo colapse o se afecten de forma importante algunos órganos. Como ejemplos, podemos citar los accidentes cerebro-vasculares, paros cardíacos o respiratorios y los desmayos que, gran parte de las veces ocurren cuando la persona está expuesta a afectos demasiado intensos.
El segundo mecanismo de relación mente-enfermedad es más complejo y difuso. Cuando nos exponemos a una situación afectiva negativa como la ira, la biología se altera momentáneamente. Se acelera el ritmo cardíaco y la respiración; aumenta la presión arterial y la temperatura corporal; los músculos se tensan con el objetivo de preparar al organismo para el mecanismo ancestral de pelear o huir. Toda la energía producida por el organismo está concentrada para la acción quitando temporalmente, energía a otras partes del cuerpo. Sin embargo, este hecho, en sí, no es perjudicial. El propio mecanismo mental está diseñado para que, una vez pasada la situación, la biología vuelva a la normalidad y se recupere del exceso de energía gastada.
El gran problema es que nuestro día a día no está exento de afectos negativos. Que si estamos desesperados porque vamos tarde, que si nos frustra el tranque, que si nos da ira el juega vivo, que si nos decepciona el trato de las personas, que si nos entristece la situación de la casa, que si nos dan miedo los accidentes… Todos estos son eventos que fluyen de la misma forma explicada en el párrafo anterior, donde el organismo se activa en exceso para atender la demanda afectiva.
A esto, además, hay que añadirle cosas que no están sucediendo en el momento, pero que nos sucedieron alguna vez en la vida y de cuyos efectos no podemos deshacernos. En psicología se les denomina «trauma». Cada vez que nos viene ese recuerdo a la conciencia, es como si estuvieran volviendo a ocurrir. Y, aún hay más. Gran parte de nuestra vida luchamos para que los recuerdos traumáticos no vuelvan a la conciencia. A esta estrategia mental se le denomina «mecanismo de defensa psicológico» que, si bien, nos ayuda a quitar de la conciencia la sensación de sufrimiento, no evita que sus consecuencias se canalicen por otras vías sin darnos cuenta (inconscientemente).
Y, por último, no debemos soslayar el hecho de que a veces interpretamos erróneamente muchos acontecimientos, dándoles significados peores de lo que en realidad son. En fin, una serie de circunstancias que, a largo plazo, van mermando la energía que el organismo necesita para desenvolverse de forma sana y fuerte. Es allí donde se da paso a la enfermedad. Un organismo debilitado por tanto «malgasto» de energía, es un organismo susceptible a la enfermedad, al efecto de patógenos, incluso, a ser afectados por elementos que normalmente no lo harían. Cuando hablamos del poder de la mente detrás de la enfermedad física, nos referimos a esto, no al hecho de que las personas estén deseando en su mente caer enfermas y ese deseo se haga realidad.

Excelente artículo. Lo felicito, señor.
Gracias por escribir, señor.